Focos (FC) - Bakushu - | Tabakalera - Donostia / San Sebastián

Bakushu

Presentada por Santos Zunzunegui

Bakushu, Yasuhiro Ozu

19:00 Presentación: Santos Zunzunegui
20:00 Bakushu (Principios de verano), Yasujiro Ozu, Japón, 1951, 130'
Kamakura, años de la inmediata posguerra tras la derrota del Japón en 1945. La familia de los Mamiya formada por tres generaciones que conviven en la misma casa, se aprestan a recibir la visita del tío Mokichi que llega desde el lejano Yamato, su región de origen. Los abuelos, Shukichi (Ichiro Sugai) y Shige (Chieko Higashimaya) tuvieron tres hijos de los cuales el intermedio, Shoji, desapareció en la guerra. El primogénito, Koichi (Chishu Ryu) que ejerce como médico en Tokio, está casado con Fumiko (Kuniko Miyake) y es padre de dos revoltosos chavales, Minoru e Isamu. La hermana pequeña, Noriko (Setsuko Hara) trabaja como oficinista en la misma ciudad.
 
Pero Noriko preocupa a su hermano mayor y a sus progenitores: ha alcanzado la edad de veintiocho años y no parece manifestar ningún interés por casarse. Su propio jefe, que comparte la preocupación de la familia, sugiere lo que denomina un candidato perfecto para la joven: un maduro hombre de negocios de unos cuarenta años, perteneciente a una familia relevante. Pero Noriko no parece interesada en absoluto por la propuesta pese al visto bueno de sus padres y hermano.
 
Un día, tras una discusión con su padre, Minoru e Isamu se escapan de casa. Noriko solicita la ayuda de un vecino, Kenkichi Yabe, joven viudo y padre de una niña, que trabaja como médico a las órdenes de su hermano Koichi y fue amigo cercano del desaparecido Shoji.
 
Y la vida continúa: los chavales han retornado al hogar y Yabe es nombrado jefe de servicio médico en el norte del país, en la distante Akita. Poco antes de partir Yabe y Noriko salen juntos y rememoran la presencia del hermano desaparecido en el conflicto bélico. Noriko visita a la madre de Yabe (Harako Sugimura) mientras el joven prepara sus pertenencias para la partida. La anciana no puede evitar confesar a Noriko que siempre la vio como la esposa ideal para su hijo. La respuesta de la joven es sorprendente: aceptaría sin dudar una propuesta en ese sentido. Allí mismo acuerdan el matrimonio, aunque Yabe no parece muy entusiasmado con la idea.
 
En la familia de Noriko, la noticia no es bien recibida, en especial por su hermano mayor que ve en esta decisión un acto puramente irreflexivo. Pero Noriko permanece firme en su decisión. Noriko se despide de su jefe y de su amiga Aya (Chikage Awajima) e inmediatamente antes de la cena de despedida todo el grupo familiar posa para la foto ritual que va reunir, quizás por última vez, a todos los Mamiya.
 
Al carecer del sueldo de Noriko, que parte con su marido para Akita, es necesario recomponer el grupo. Koichi instalará su propia consulta médica en Kamakura y los padres marcharán a una aldea de Yamato para instalarse en la casa del tío Mokichi.
 
Ha pasado un tiempo. Los dos ancianos padres ven pasar en la distancia un cortejo nupcial. La memoria de su hija se hace patente. Pero la aceptación de la vida, del cambio como regla inmutable de la naturaleza les lleva a asumir que esa vida les ha permitido hacer muchas cosas juntos y que sería un error pedir demasiado.
 
El sublime plano final (verdadero plano emblema del cine de Ozu) cierra de manera ejemplar el film: Un plano general nos muestra la forma redondeada de una colina cubierta de vegetación. En primer término y ocupando la mitad exacta inferior del encuadre un campo de cebada -aludido en el título original del film- cuyas espigas son movidas por el viento. Como una difusa línea, articulando la montaña y el mar de cereal, la línea que marcan las casas de la aldea. De izquierda a derecha, tiene lugar un movimiento de cámara en arco que se lleva a cabo manteniendo, mediante el reencuadre, estables los límites de la imagen.

Estamos ante un plano en el que figurativamente se recogen los temas de lo permanente y lo cambiante, lo inmóvil y lo móvil, encarnados en la montaña y esas espigas mecidas por el viento cuya invisibilidad es, precisamente, hecha visible por ese movimiento de las plantas. Mientras el primer término de la imagen -el campo de cebada- fluye, el fondo -la colina- permanece enfáticamente estable. Pero es que además la misma idea es repetida en la impostación cinematográfica de la imagen: de hecho, aunque la cámara se mueve, su movimiento deviene prácticamente imperceptible debido a la insistencia por parte del cineasta en el mantenimiento constante de los bordes laterales del encuadre. De esta forma en una misma imagen se concilian elementos opuestos, se acuerdan posiciones contradictorias y se resuelve armónicamente, a través de la extrema depuración de la forma, la dialéctica entre ideas y mundo sensible. A la hora de la verdad, lo sensible y lo inteligible, parece decir Ozu, no pueden separarse. El espíritu solo habita entre las cosas del mundo.

¡Suscríbete!
y recibirás todas las noticias y novedades de Tabakalera en tu email.

Documentación

Videos

Presentación de Santos Zunzunegui. Principios de verano

Presentación de Santos Zunzunegui. Principios de verano