11-04-2018 13:50

Cosas que no creeríais

Se cumplen dos años de la inauguración de la biblioteca de creación de Tabakalera, un alucinante espacio que parece traído del futuro para deleite de cualquiera que haga suyo el lema de la institución: “Aprender, crear y disfrutar”. Sirvan estas líneas para ilustrar las infinitas posibilidades que se esconden tras los muros de Ubik.

Para bautizar su biblioteca de creación, un centro especializado en audiovisuales, cultura digital, bellas artes y pensamiento contemporáneo, los responsables de Tabakalera eligieron el título de una aplaudida novela de Philip K. Dick: ‘Ubik’ (1969). El gran escritor y visionario estadounidense fue también autor de ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ (1968), convertida por Ridley Scott en ‘Blade Runner’ (1982), uno de los mayores clásicos cinematográficos de la ciencia ficción. En su tramo final, el guión del filme incluía un diálogo que no aparecía en las páginas de la novela y que comenzaba con una evocadora sentencia del replicante Roy Batty: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…”.

Pues bien. La frase sirve de gancho para tratar de explicar someramente qué se cuece a bordo de esa nave cultural que, a juzgar por sus insondables prestaciones, posee un cierto halo futurista. Tanto es así que cuesta pensar en lugares similares en nuestro entorno cercano, quizá porque no los hay o porque si existen, están a miles de kilómetros de Donostia.

Entre las paredes de Ubik he visto cosas que no creeríais: cineastas en ciernes que con apenas 14 años montan su segundo cortometraje en los puestos de edición digital, jóvenes que realizan documentales sobre boxeo y directores con currículo que han usado el croma verde para recrear con sorprendente verismo las Torres Gemelas en llamas. He visto a padres e hijos usar el estudio para grabar un videoclip, a cuadrillas que preparan una sorpresa para proyectar en la boda de una amiga y a gente que descubre los secretos de la animación ‘stop-motion’ a través de una intuitiva aplicación móvil. También es posible llevarse en préstamo cámaras, grabadoras de audio, trípodes y demás artilugios, así como disfrutar de un amplio catálogo de películas. Y todo es gratis, como el resto de servicios del centro.

He contemplado embelesado ese rincón tecnológico en el que figuritas y piezas diversas brotan de unos artilugios mágicos, las impresoras 3D, que cualquiera puede manejar mientras adquiere conocimientos de electrónica y robótica. Muy cerca están los juegos de mesa y el txoko de los videojuegos: jóvenes y no tan jóvenes –hay sesiones para mayores de 50 años– compiten contra las máquinas pero también aprenden a diseñar sencillos videojuegos desde cero y en escasos días.

En el apartado de artes plásticas he visto a personas dibujando, pintando y esculpiendo con todo tipo de técnicas, y en el espacio de autoedición, a gente que maqueta fanzines o encuaderna su poesía y a fotógrafos que alumbran un prototipo de catálogo para su próxima exposición. Algunos se apoyan en los miles de libros, revistas y documentos disponibles, pues no hay que olvidar que, por muy ‘sui generis’ que sea, Ubik es una biblioteca que, además, cuenta con un salón de silencio en el que entregarse a leer o, simplemente, a pensar lejos del mundanal ruido.

He asistido a conciertos improvisados con instrumentos de música que están al alcance de cualquiera, he espiado reuniones en esos ‘invernaderos’ en los que germinan insospechados proyectos culturales y he observado a niños y niñas que apenas pueden caminar pero ya dan sus primeros pasos creativos en los talleres de los miércoles. En definitiva, Ubik alberga un mundo de posibilidades mucho mayor que las esbozadas en estas líneas. Basta con dejarse llevar por la curiosidad y el consejo de los mediadores, esos amables técnicos que ayudan al usuario a espolear su creatividad: así salen adelante ideas que en un inicio pueden parecer difíciles de creer y de crear, pero que terminan siendo una realidad tangible con una pizca de imaginación y otra de esfuerzo.

Juan G. Andrés, periodista

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