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La sala de exposiciones como parque de juegos

15-05-2019 12:42

La sala de exposiciones como parque de juegos

Al entrar en la sala de exposiciones y ver las sillas, la mesa y los objetos cotidianos expuestos, la mayoría de la gente reacciona con cara de asombro. Algunos se preguntan dónde habremos escondido las obras de arte.

Cuando entrar niños en la sala y corren a subirse a podio escuchamos a los padres apurados detrás, regañándoles para que no toquen nada.

En ese momento comienza mi labor de mediadora. ¡Toca y juega, experimenta, conviértete en performer!

Y, de nuevo, las caras de asombro.

Esther quiere que juguemos. Con toda su generosidad, nos ha ofrecido sus propuestas, para que las entendamos y las realicemos a nuestra manera. Nos invita a pensar, a avergonzarnos, a atrevernos y, sobre todo, a experimentar desde el cuerpo. A ser, en todo momento, tanto público como perfomer.

También hay gente que viene sabiendo que se trata de una exposición interactiva. Donostia es muy pequeña. Estos vienen preparados para lo que se encontrarán, pero nerviosos. Para quienes no conocían el trabajo de Esther Ferrer es una magnífica oportunidad de conocer sus propuestas desde dentro.

Son numerosas las personas que ya han pasado por la exposición, y muchas de ellas se han animado a activar las piezas. Estas han sido, sin duda, las que se han llevado a casa la experiencia más enriquecedora.

Recuerdo a dos jóvenes vestidas al estilo manga, riéndose a carcajadas mientras manipulaban a sus padres en la pieza Especulaciones en forma V.

Recuerdo a dos señores de más de 80 años, jugando con la cuerda y los palos, cantando, como si estuvieran en el patio del colegio. Y recuerdo, cómo no, el sentido abrazo en el que se fundieron al final.

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A menudo he cantado el tiempo en Concierto ZAJ. Cada vez con personas, melodías y ritmos diferentes. Hemos vivido juntos la subjetividad del tiempo. La eternidad de un minuto. Con aquella pareja italiana casi regresamos al romanticismo.

Recuerdo el grupo de mujeres de Bermeo, todas ellas amigas de la hermana de Esther. Me contaron que a partir de los 65 años ya habían perdido todo el sentido de la vergüenza. Recuerdo cómo se rieron con el globo o la coliflor colocada sobre la cabeza.

Recuerdo a la joven pareja de Londres, enredados en la compleja lectura del poema Espectáculo / Olucatcepse.

Recuerdo a los dos artistas madrileños, que inmediatamente después de realizar una acción escribían sobre sus sensaciones.

Recuerdo al joven estudiante de Bellas Artes, que idolatra a Esther Ferrer.

Recuerdo a los dos estadounidenses de origen chino, ya que fui fotógrafa de todas sus experiencias en la sala.

Recuerdo el llanto de la pequeña niña de ojos azules, rogando que quería seguir jugando con las tarjetas.

Recuerdo a padre e hijo jugando a través de los puntos ABCD.

Cómo no recordar a mi amiga Amaia y su grupo de amigas, que han venido dos veces, porque querían realizar todas las acciones.

Recuerdo a los dos grupos de Atzegi. Todas las acciones se adaptan a todo tipo de personas.

Recuerdo a los padres que hicieron reír a carcajadas a sus hijos, imitando a un perro o colocándose un jarrón en la cabeza.

Recuerdo a la abuela que frente a su nieta representó un orgasmo durante un minuto.

Recuerdo a la simpática familia irlandesa, a los sudafricanos y a los numerosos visitantes llegados de Francia.

Recuerdo la cantidad de conversaciones mantenidas en torno a las ideas de Naturaleza o de Performance.

En el recuerdo también la carrera de sillas de los alemanes…

Los momentos románticos que nos ha ofrecido la cuerda…

Pedro de Granada…

Ainara y sus amigas cantantes…

Paula y el chico cubano…

Esmeralda y su madre…

Liher, Lidia, Aran. Jon and Elena de Plentzia, los alumnos de Mondragon Unibertsitatea… Argitxu, los padres de Ane, la sobrina de Esther…

Políticos, artistas, matemáticos y amas de casa. Adultos, jóvenes y niños… La exposición a recibido de todo, y de todo me ha enseñado a mí.

Gracias a todas las personas que habéis agradecido mi ayuda, el placer ha sido mío.

Cuando sea mayor quiero seguir jugando, ¡como Esther!                                

Maite Telleria Iparragirre

Mediadora de la exposición Esther Ferrer. 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, 23...

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