Focos (FC) - Foco: Trinh T. Minh-ha - | Tabakalera - Donostia / San Sebastián

Foco: Trinh T. Minh-ha

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Trinh T. Minh-ha: Variaciones sobre la polifonía

Si este texto fuera como las películas de Trinh T. Minh-ha, podría empezar con dos líneas en blanco seguidas de una serie de signos de interrogación que abren pero jamás cierran; continuaría con un discurso polifónico, construido con distintas voces en diversos idiomas y con diferentes acentos; algunos enunciados estarían escritos de derecha a izquierda, con faltas de ortografía intencionales y significados tan ambiguos como sugerentes. Esta polémica cineasta de origen vietnamita, que vive desde hace cuatro décadas en Estados Unidos, rompe radicalmente las reglas del lenguaje cinematográfico y trastoca todas las convenciones del cine documental, provocando a su vez un profundo cuestionamiento acerca del sentido de la mirada antropológica y las formas clásicas de representación visual de otras culturas.

Desde principios de los años ochenta, Trinh T. Minh-ha ha realizado una serie de ensayos cinematográficos, etnografías audiovisuales abiertamente subjetivas, en latitudes tan diversas como Senegal, Burkina Faso, Togo, Mali, Vietnam, China y Japón. Su obra ha merecido numerosos reconocimientos internacionales y ella se ha convertido en una directora de culto dentro de ciertos géneros cinematográficos. Además de su carrera como cineasta, tiene una sobresaliente trayectoria académica: es investigadora en la Universidad de Berkeley, ha sido profesora invitada en múltiples universidades del mundo y es autora de varios libros sobre temas como género, poder, ritual, representación, teoría cinematográfica y políticas culturales en la era postcolonial o neocolonial. Se trata sin duda de una de las figuras más interesantes y controvertidas del pensamiento crítico y la contracultura audiovisual contemporánea.

Para intentar descifrar la complejidad de su obra, podríamos partir de la noción de “cine etnográfico experimental”, aunque seguramente ella rechazaría ésta o cualquier otra categoría que intente clasificar sus películas. Su discurso crítico se desplaza sobre varios ejes: el feminismo, la mirada hegemónica sobre la diferencia y la desigualdad sociocultural, el problema de la verdad en las ciencias antropológicas y el cine documental, la cuestión de la identidad, las hibridaciones y los desencuentros interculturales, así como la libre experimentación artística en torno al medio cinematográfico.

Desde sus primeros trabajos, Trinh T. Minh-ha establece uno de los principios éticos y epistemológicos que marcaría el resto de su producción: declara que no pretende hablar acerca de sino cerca de los otros. Lanza una aguda crítica a la actitud frente a la alteridad –muy común en los países occidentales– que tiende a objetivar a los sujetos y a convertir la diferencia cultural en un bien consumible. Revela sobre todo los juegos de poder detrás de la fotografía y el cine etnográficos, principalmente europeos y norteamericanos, que de acuerdo con ella proyectan una visión colonialista y etnocéntrica, afín al coleccionismo, al exotismo, al voyeurismo o incluso a la pornografía. Por otra parte, denuncia la obsesión del pensamiento occidental por tratar de explicar e imponer un significado a todos los símbolos y las imágenes con que aprehendemos el mundo. El cine de esta autora apela más bien al carácter plural, fragmentario y polisémico de la experiencia humana.

Además de desenvolverse entre el cine y la antropología, Trinh T. Minh-ha es también una reconocida compositora de música. Así, una característica de sus películas es un fuerte interés por la etnomusicología: documenta diversos ritmos, cantos, sonidos e instrumentos, así como los movimientos corporales que los acompañan; sus filmes representan una excelente contribución al registro y la reproducción de músicas, danzas y rituales tradicionales en diferentes culturas.

Otro rasgo distintivo en la mayor parte de su obra es que lo auditivo y lo visual aparecen disociados, yuxtapuestos o en contrapunto; imagen y sonido construyen discursos paralelos pero prácticamente desarticulados, son complementarios sin dejar de ser independientes. Algunos autores han sugerido que sus filmes deben apreciarse como un performance audiovisual, y ella misma declara que su proceso creativo al hacer una película es muy similar al proceso de componer música o escribir poesía. Podemos entender el cine de Trinh T. Minh-ha como un cine “acentuado” que asume desenfadadamente una estética de la imperfección, forjando un estilo muy propio de videoarte etnográfico.

Su obra ha conseguido como pocas sacudir y desestabilizar los cánones y el status quo dentro de la academia, provocando fuertes reacciones sobre todo entre los sectores más conservadores; si bien hay que decir que algunos autores han elaborado argumentaciones bastante serias y bien fundamentadas contra su cine. Personalmente, la primera vez que vi sus películas me deslumbraron y me parecieron geniales; la segunda vez, después de leer ciertas reseñas críticas, las miré más escépticamente y creí encontrarles varios puntos débiles; luego, tras haber leído algunos de sus propios escritos, pude comprender mejor y apreciar nuevamente la riqueza que entrañan sus filmes. Pero más allá del gusto o la experiencia personal, resulta incuestionable la capacidad que tiene el cine de Trinh T. Minh-ha para impactar a la audiencia.

Su mirada y su voz crítica, su valiente experimentación artística y sofisticado valor estético, su infatigable vocación etnográfica y la profunda interrogación que provoca frente a los discursos dominantes, hacen de Trinh T. Minh-ha una autora indispensable en la confluencia del cine y las artes visuales con la antropología, las ciencias sociales y las humanidades. Se trata de una obra enigmática que nos invita a múltiples visiones y revisiones, suscitando siempre nuevas lecturas y reflexiones.

En este sentido, para terminar al más puro estilo de esta extraordinaria directora, podría renunciar a la autoría de este breve texto y declararlo abierto a la libre interpretación o apropiación por parte del lector.

Antonio Zirión.

 

*En colaboración con el Festival Punto de Vista.