La libertad

Una película de Lisandro Alonso

La libertad - Lisandro Alonso

La libertad, Lisandro Alonso, Argentina, 2001, 73’

Comencemos por la leyenda: cuentan que un joven Lisandro Alonso, tras graduarse en la Universidad el cine, volvió a la casa familiar en mitad del campo y se dedicó durante meses a filmar algo que nadie sabía, ni siquiera él mismo, que podía ser una película. Aquel material se montó y se envió al festival de cine independiente de Buenos Aires. Al mismo tiempo, y mientras los primero críticos argentinos se preguntaban de dónde había salido aquel material que dinamitaba el viejo cine y se emparentaba con las tendencias de autor del resto del mundo, uno de los seleccionadores del festival de Cannes tuvo acceso a una copia en VHS de la película. Su reacción fue inmediata: maravillado ante lo que acababa de ver, la incluyó inmediatamente en la sección a competición Un Certain Regard tras una llamada a Alonso en la que tuvo que explicar varias veces que llamaba de parte de Cannes. “Cannes, sí, un festival de cine que hay en Francia”, dicen que tuvo que contar por teléfono. Eso sí, desde el festival pedían a Lisandro Alonso que cambiara el final de su película.

Y así empieza la carrera de Lisandro Alonso: de la inmensidad anónima de la pampa, al festival de cine más importante del mundo.

Misael vive en la inmensidad del monte pampeano trabajando con su hacha, cortando árboles, en completa soledad. Sobrevive sólo con lo indispensable y casi sin contacto con otras personas. Asistimos a su vida de trabajador, a sus gestos, a sus rituales. Pero no hablamos de un documental observacional, sino de otra cosa. Esta película es otra cosa, algo que toma vuelo y se eleva más allá del retrato y del paisaje. Su impacto fue inmenso, basta ver cómo tras esta película surgieron cientos de películas que trataban de hacer lo mismo.

Terminamos, otra vez, con la leyenda: nadie sabía si lo del final eliminado había sido algo inventado o parte de un relato extraordinario hasta que en la edición especial del DVD editado en Argentina los extras incluían la secuencia suprimida: Misael mirando a cámara, sonriendo primero, carcajeándose después. El final que no quería Francia y que Lisandro decidió suprimir.

Así nacía una película única que desde su título marcaba por primera vez, y ya para siempre, la declaración vital y cinematográfico de su joven director.