Focos (FC) - Les tombeaux sans noms - | Tabakalera - Donostia / San Sebastián

Les tombeaux sans noms

Les tombeaux sans noms, Rithy Panh, Camboya, 2018, 115'

El director camboyano Rithy Panh sigue con su exploración documental sobre la memoria de su país. Su nueva película supone un paso más en este proyecto personal, espiritual y cinematográfico de rescatar las voces, cuerpos e historias de los que vivieron en primera persona el desastre del genocidio de los Jemeres Rojos. En este caso, plantea un encuentro con los espíritus de los muertos como forma de dibujar un camino hacia la paz.

NOTAS DEL DIRECTOR:

“Hice este viaje para sentarme con los muertos. Para hablar con ellos en las pagodas, a orillas del camino, en los ríos.

Incluso hoy, cuando se escarba la tierra, uno encuentra restos humanos, restos de telas de varios colores. Char, Trum, Wat Pô... Un niño lo recuerda todo: el trabajo forzado, el hambre, las separaciones... Y, al final, la muerte. He regresado a estos lugares con bastante frecuencia. Sin embargo, no he encontrado nunca las huellas de las tumbas de mi padre; ni las de mis sobrinos; ni las tumbas comunales donde fueron enterradas mi madre y mis hermanas.

Uno tiene que llegar al otro mundo. Los muertos nos están buscando y nos esperan. Algunos viajes, como es natural, nos atemorizan y tratamos de renunciar a ellos, atrapados en la espera o las prisas de la vida. Encontrarse con los muertos es una cosa seria. Buscar almas significa invitarles a regresar, sin asustarse. Hay tantos muertos buscando un lugar para poder descansar finalmente. O que buscan un simple gesto, mirada o pensamiento. Esto es una invitación a ese viaje. Te estoy invitando a que me acompañes”.

“Phnom Penh (capital de Camboya) cayó. Las fuerzas revolucionarias de los Jemeres Rojos entraron en la ciudad después de su victoria. En las horas que siguieron se forzó la evacuación de dos millones de habitantes. Se cerraron escuelas y hospitales, se abolió el dinero, se prohibió la religión, se implantó la censura, la cultura fue desterrada...

A pie, en carretas, en tren y después otra vez a pie... De un pueblo a otro: Saang, Koh Tauch, Char, Sré Ô... De un campo de arroz a otro, de unas ruinas a otras, partimos rocas, excavamos la tierra, arrancamos las raíces. Hasta perder nuestras propias raíces.

Luego vino el comando. Los Angkar (partido comunista de Kampuchea) nos enviaron a Trum, un lugar en medio de la nada. Tierras bajas, vastas, áridas, sin árboles... En la estación seca, el suelo agrietado cortó y quemó las plantas de nuestros pies. Allí fue donde nos deportaron los Jemeres Rojos a principios de 1976.

Éramos once cuando salimos de Phnom Penh. Solo dos de nosotros sobrevivimos”.

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