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The Night of the Hunter (La noche del cazador)

Una película de Charles Laughton

The Night of The Hunter

 

19:00 Presentación: Santos Zunzunegui
20:00 Proyección:

The Night of the Hunter (La noche del cazador), Charles Laughton, AEB/EUA, 1955, 93' 35mm, VO EN, Sub ES

 

Introducción

Durante los títulos de crédito escuchamos la siguiente canción: “Sueña, pequeño, sueña / sueña, mi pequeño, sueña. /  El cazador en la noche llena tu corazón infantil de miedo. / El temor es solo un sueño/así que sueña, pequeño.”

Sobre el fondo de una noche estrellada una mujer (que luego sabremos que se llama Rachel Cooper -Lilian Gish- y que recoge y da albergue y educación a niños abandonados en la América profunda de la Gran Depresión) se dirige a una constelación de rostros infantiles y a nosotros, espectadores:

“¿Recuerdan, niños, lo que les conté el domingo pasado sobre el buen Señor que subió a la montaña y habló a la gente y cómo él dijo, ‘Bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios’, y como Él dijo que el Rey Salomón en toda su gloria no era tan hermoso como los lirios del campo? Y sé que no lo olvidaron, ‘No juzgues y no serás juzgado’, porque yo se lo expliqué. Y cuando el buen Señor siguió diciendo ‘Cuídate de los falsos profetas [funde sobre vistas aéreas del río Ohio y un pequeño pueblo en su orilla] que vengan a ti con piel de cordero pero interiormente son lobos negros. Los conoceréis por sus obras. [la cámara se acerca progresivamente a un grupo de niños que juegan junto a una casa dónde descubren el cadáver de una mujer] Un árbol bueno no puede dar frutos malos. Ni un árbol malo dar frutos buenos [desde la altura atisbamos el coche del predicador Harry Powell que interpela al Altísimo] Por consiguiente, por sus frutos los conoceréis.”

El ahorcado

Tras atracar un banco, fugitivo de la policía, Ben Harper (Peter Graves) llega a las puertas de su casa donde hace entrega de su botín de 10.000 dólares a sus dos hijos, John (Billy Chapin) y Pearl (Sally Jane Bruce) pidiéndoles que lo oculten y nunca revelen su escondite (el interior de la muñeca de la niña) ni siquiera a su madre Willa (Shelley Winters). Detenido es conducido a la penitenciaría donde compartirá celda con el falso predicador Harry Powell (Robert Mitchum) mientras, tras ser condenado a muerte, espera ser colgado por sus delitos. Los sueños le traicionan y permiten a Powell (del que todavía la justicia ignora que es un peligroso asesino en serie de viudas) maquinar como, cumplida su breve condena, podrá acceder al tesoro escondido.

El cazador

Muerto Harper, Powell saldrá de la cárcel y se dirigirá a su pueblo, seducirá a la comunidad con sus habilidades de predicador escenificando el combate entre el bien y el mal mediante una pelea que se representa mediante las palabras que lleva tatuadas en las falanges de ambas manos (LOVE-AMOR en la derecha; HATE-ODIO en la izquierda) y a la viuda Willa con su apostura y su complejo carisma sexual. Su único objetivo, acercarse a los niños que guardan el secreto del dinero robado. Tras casarse con Willa, pondrá en juego sus artes que pasan por deshacerse de la madre (cuyo cadáver acabará en el fondo del río) y ganarse la confianza de los niños. Mientras John, se mantiene firme, Pearl, más débil, acaba por revelar el escondite del dinero.

El río

Pese a todo, los niños consiguen escapar de las brutales asechanzas del predicador convertido en una bestia salvaje y se embarcarán en un viaje onírico por el río Ohio “siguiendo la corriente del vasto y oscuro río”, bajo un cielo estrellado y mecidos por el canto de los animales (el croar de las ranas, el repentino agitarse de un pez en las profundidades, la vibración de la tela de una araña) que asisten a su periplo, mientras Pearl canta una nostálgica canción que rememora a su madre (“Érase una vez…”).

En paralelo, el falso profeta proseguirá su búsqueda incansable de las criaturas, convertido en una sombra maléfica que les acompañará en su huida.

Un árbol firme con ramas para muchos pájaros

Tras un dilatado periplo por unas orillas devastadas por la crisis económica que azota la América profunda, los niños son acogidos por Rachel Cooper (Lilian Gish), anciana que hace de hada madrina de infantes desvalidos a los que brinda albergue, alimentos y educación. Cuando Powell se presente para reclamar sus derechos de patria potestad sobre John y Pearl, la dama se negará a entregárselos y, fusil en ristre, defenderá su hogar de las asechanzas del malvado predicador. Fracasado en su intentona de acceder al dinero, Powell será detenido ante el estupor de John que, como cuando arrestaron a su padre, vivirá de manera traumática la situación. El Predicador será juzgado y condenado a muerte, mientras la gente que antes le idolatraba encabeza ahora el grupo de los que pretenden lincharle.

Epílogo: Los niños lo soportan todo

“Y llegó la Navidad que cubrió de blanco los negros recuerdos durante algún tiempo”. Ha llegado el momento de los regalos navideños. Los niños presentan a Rachel, que se afana en la cocina, sus modestos presentes. John, cogerá una manzana de un frutero y envolviéndola en un salvamantel  de ganchillo se la entregará a la dama para recibir su emocionada declaración: “Es el mejor regalo que nadie puede recibir”.

Mientras prepara la cena de Nochebuena Rachel nos interpela mientras la cámara se acerca a su rostro: “¡El Señor guarde a los niños! (…) El viento sopla y la lluvia es fría. (…) Ellos lo soportan todo”. John abre su regalo en la habitación contigua: un reloj. “Es agradable, le dirá Rachel, tener a alguien en casa que pueda decirme en que hora del día estoy”.

Rachel continúa trabajando en la cocina. Mientras su mirada parece abismarse en su interior, pronuncia las palabras finales: “Ellos lo soportan todo y superan cualquier obstáculo.”

Cae la nieve sobre el exterior de la casa de Rachel Cooper.

 

Santos Zunzunegui

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